jueves, diciembre 15, 2016

La finalidad bendita de enseñar música

Hace ya bastantes años trabajé de profesor de guitarra en una pequeña academia del barrio de Horta. Actualmente continúo dedicándome a la docencia, si bien no a la de la música. En este escrito no pretendo hacer una reflexión sobre los músicos que se dedican a la docencia, ni pretendo juzgar ni sentar ningún tipo de dogma sobre la cuestión. Simplemente expondré mi opinión sobre un serie de fenómenos que he observado. Vamos allá.

1. Hoy en día los compositores y sus obras están divinizadas.

No sé por qué razón histórica -bueno, sí que lo sé pero no tengo espacio para explicarlo- las obras de los grandes maestros del pasado están divinizadas y mitificadas. En muchos casos, cuando un profesor de piano explica y enseña a sus alumnos una sonata de Beethoven o de Mozart puede llegar a enfadarse, cabrearse, gritar a sus alumnos y hacerles sentir mal porque han fallado alguna nota, no estudian tanto como deberian o no se toman la música suficientemente en serio. Según algunos de estos profesores -y que conste que sé que exagero-, Mozart cagaba ambrosía y sus pedos sonaban afinados y en octavas con sus eructos, Beethoven no se equivocaba nunca y Bach es poco menos que la segunda encarnación de Cristo. Yo adoro a todos los compositores que me emocionan hasta la médula, pero sé que eran humanos. Entiendo a los profesores que quieren que sus alumnos se esfuercen, y muchas veces los gritos o los reproches vienen porque los alumnos no han tocado el instrumento en toda la semana, pero la mayoría de ellos deberían dejar de pensar que todos sus alumnos sienten lo mismo por la música que ellos, o que la mayoría de sus alumnos están realmente interesados en la música que les toca aprender. No digo que las composiciones de los maestros de antaño no sean magníficas, pero creo que ya basta de que, sobretodo en el campo de la música clásica, los profesores de música intenten que sus alumnos no cometan una sola equivocación y suenen perfectos. La música no es perfecta, los compositores tampoco, así que los alumnos todavía menos. No sé por qué motivo muchos profesores de música se irritan cuando algún alumno se toma la música como un divertimento y no como una disciplina seria y rígida, o por qué motivo, en la mayoría de conservatorios, no se enseña de manera generalizada a improvisar con el instrumento. Quizá esto haya cambiado desde que yo comenzara a estudiar, no lo sé, pero creo que saber improvisar con el instrumento es mucho más didáctico, divertido, instructivo y enriquecedor que pasarse ocho horas al día tocando el instrumento, cosa que también es necesaria si se quiere llegar a concertista, pero que no recomiendo a nadie que quiera realmente disfrutar con la música. No sé si Beethoven tocaba ocho horas al día, -Schumann probablemente le dedicaba el doble, y así acabó, pobre-, ni tampoco si Mozart, Bach o cualquier otro de los maestros de antaño se dedicaba en cuerpo y alma a estudiar música. Sí que sé que la gran mayoría de ellos sabían improvisar, por los menos hasta llegado el siglo XIX, y que en sus conciertos muchas veces se pasaban por el forro del escroto sus propias partituras, hacían cadencias que no estaban escritas y que eran creadas en aquel momento, se saltaban compases y ponían de mala leche a sus acompañantes  -podéis encontrar abundantes casos en los conciertos que Beethoven realizaba en Viena-. En mi opinión, una cosa es la música y otra el sacerdocio, por decirlo de alguna manera. Ni la música es divina, ni los compositores son Dios, y lo dice alguien que adora la música. Dios murió a finales del siglo XIX, y nos dejó a las personas como sus herederos, así que no entiendo por qué motivo nos pensamos que la música clásica debe ser reverenciada como si fuera algo fuera de lo normal.

2. La música es un juego, no una competición.

Aunque parezca extraño, en muchos casos tanto profesores como alumnos se han olvidado de disfrutar con la música, de jugar con ella, de ser felices practicándola. Es un poco como si los músicos se hubieran convertido en actores porno: se ganan la vida con una cosa que es divertidísima para la mayoría de mortales pero, joder, ¡ellos no se lo pasan bien tocando! No he acudido nunca a un concurso de interpretación como concursante, así que no puedo hablar de primera mano del tema, pero me gustaría decir una cosa: a determinado nivel de estudios de los participantes, la diferencia entre el ganador, el finalista y el último del concurso es casi ínfima, y en muchos casos no es una cuestión de técnica ni de saber tocar el instrumento, sino de gustos estéticos, simpatías personales y preferencias y lealtades entre profesores, escuelas y personalidades musicales que se parece más a las relaciones que tienen las familias de la Cosa Nostra entre ellas que a las relaciones que deberían establecerse entre miembros de una comunidad artística.  Nuestra sociedad es demasiado competitiva, y, por desgracia, la música también se ha empapado hasta la saciedad de dicho prejuicio. La música no es una competición, no se trata de tocar cientos de notas por segundo, ni de hacerlo de manera perfecta. Se trata de disfrutar, de gozar, de transmitir sentimientos y de divertirse. Por desgracia, esta manera de pensar también se ha exportado a otras esferas que no son las de la música clásica. Odio a los guitar-hero y a su parafernalia, a los que intentan tocar doscientas notas en un segundo y fardan de que tocan muy rápido. Yo a veces toco rápido, pero si lo hago es por algún motivo. Estoy harto del virtuosismo por el virtuosismo. La música es mucho más que pirotecnia. Y ojo, me encanta oír a Juan Diego Flórez hacer maravillas vocales, a Paco de Lucía tocar como tocaba, pero no entiendo que haya gente que piense que todo es una cuestión de técnica o de pasarse horas y horas tocando. No, no lo es.

3. La mayoría de profesores y de estudiantes de música no optimizamos el estudio ni el tiempo.

Me incluyo porque durante mucho tiempo ha sido así en mi caso, y desde hace un tiempo he cambiado muchas cosas de mi manera de afrontar la música y el estudio de una obra. Me sorprende que en ningún conservatorio que yo conozca haya un psicólogo o psicopedagogo especializado en la educación musical de sus alumnos. La música y los músicos somos material sensible, tenemos nuestras fobias y nuestros miedos -escénico, al ridículo, a fallar una nota, a quedarnos en blanco- y nos encontramos en pelotas cuando nos toca hacer una audición o un concierto. Los que tienen mayor experiencia se reirán de mis palabras, pero hubiera dado lo que fuera porque alguien me hubiera enseñado a meditar o a controlar mis nervios con la respiración antes de haber hecho mi primer concierto. Algunos profesores presionan a sus alumnos con frases como "Esto te tiene que salir por cojones", "No me puedes dejar en mal lugar", y otro tipo de frases que no sólo no sirven para motivar a un adolescente o joven que sueña con ser músico, sino que directamente le trasmiten que a su profesor le importa más la opinión que el resto del claustro del conservatorio tendrá de él como docente que el hecho de que su alumno disfrute con el concierto. Las audiciones públicas y las actuaciones deberían ser una fuente de gozo, no de sufrimiento, y alguien -un psicólogo, un psicopedagogo, un consejero espiritual, un maestro yogui, yo qué sé-, debería enseñar a los chavales a relajarse antes de estudiar, a concentrarse, a estudiar de manera tranquila, efectiva y autónoma, más allá de conseguir o no que la obra quede perfecta, que, de buen seguro, no quedará ni mucho menos como la habría tocado su compositor.

4. La creatividad no es potenciada en nuestros conservatorios

A día de hoy, quien quiere aprender a tocar un instrumento y pasárselo bien puede ver su afán matado por la rigidez que existe en muchos conservatorios. Los planes de estudios incluyen tropecientas obras, estudios, etc.. y muchas veces un estudiante de guitarra o de piano puede llegar a obtener un grado medio o superior sin haber tocado nunca una obra propia. Ya sé que no todo el mundo sabe componer, es cierto, pero que no todo el mundo pueda llegar a compositor no quiere decir que todo el mundo deba de ser como un reproductor de CD. Estoy completamente de acuerdo con la opinión de que la escuela que te va dar la mayor técnica de tu instrumento es la clásica, sea cual sea tu instrumento, pero no estoy de acuerdo en que no se potencie que el alumno cree sus propias canciones, componga sus piezas, haga música propia. ¿Por qué motivo relegamos la composición a una especialidad del grado superior? Quizá yo sea demasiado atrevido, pero, ¿por qué no potenciamos que los alumnos toquen su propia música, a su manera, con sus defectos y sus virtudes, y poco a poco les formamos el gusto y pulimos sus prejuicios y sus ideas preconcebidas sobre lo que es ser músico? Creo que ningún profesor de música debería plantearse formar al próximo Daniel Barenboim o a la próxima Maria Callas. Cada alumno es único, y cada uno debe de aprender a ser él mismo. Cada persona debería descubrir su propia música, porque cada alma es diferente, y la música no es más que su lenguaje más puro.

domingo, junio 21, 2015

De reseñas, críticas, escritores y otros dioses

Los que me conocéis ya sabéis que llevo casi nueve años intentando publicar. De hecho, desde que comencé este blog allá por 2005 me venía rondando tal idea. Mi primera novela, con una buena dosis de autobiografía, fue iniciada en julio de 2006 y terminada casi un año y medio y muchas penas después.
Desde febrero de 2011 cuento con los servicios de una agente magnífica, Angela Reynolds, que siempre me aguanta y me descuelga el teléfono para que me desahogue, pero que, debido a la crisis económica y a la crisis editorial, todavía no ha conseguido que pudiera ganar más de 10 euros en concepto de royalties.

Durante este tiempo he publicado en formato e-book, como podéis ver en otras entradas de este blog, pero de manera pésima. La editorial on-line que me publicó mi libro no lo promocionó en absoluto, porque, como he dicho en otras ocasiones, ellos viven de tener cientos de títulos y vender muy poquitos ejemplares de cada uno, con lo cual los autores noveles lo tenemos muy jodido.

Este enero leí por casualidad un artículo sobre la generación Kindle, y compré un libro de una autora que, allá por 2007, compartía sus inquietudes literarias con muchos otros aspirantes a escritor en un foro de Bibliotecasvirtuales. Se llama Marta Querol Bénech, y creo que a algunos de los que me leen les debe de sonar. No he leído su libro, aunque creo que puede estar bien, ya que de otro modo no lo habría comprado. En el artículo se hablaba de ella y otros autores que habían conseguido publicar con una editorial tradicional después de vender miles de ejemplares en internet. Se me puso una cara de tonto enorme al comprobar que ellos habían conseguido lo que yo ansiaba tanto, y que tantas veces había estado tentado de hacer. Ellos habían autopublicado y ahora eran escritores, mientras que yo, que había conseguido una agente y había buscado una editorial "de verdad" me comía los mocos con la uña del dedo índice.

Busqué información sobre ellos y acabé yendo a parar a unos cuantos grupos de Facebook de escritores noveles, en los cuales lo que más abundaba no eran los potenciales compradores, sino los mensajes de spam del tipo "este libro es la repolla en vinagre y tú aún no lo sabes", "esta novela es mil veces mejor que Crepúsculo y además es más barata", como si el libro de Stephanie Meyer fuera una puta obra maestra. Yo leía de vez en cuando a algún compañero de sueños, y alguno encontré que valía la pena, pero, después de escribir unos cuantos post, decidí que no valía la pena continuar escribiendo en esos foros. Tengo un niño de tres años y estaba a punto de tener gemelas, así que no podía perder el tiempo buscando lectores para mis obras mediante el bombardeo sistemático de mensajes de márketing cutre.

Un día vi que una de los miembros de esos foros se lanzaba a la aventura de publicar un blog de reseñas crudas, sanguinolentas y cabronas de esos "maravillosos libros" que tantos y tan buenos literatos publicaban, y la idea me agradó. Les envié varias novelas y, como pienso que las críticas ayudan a mejorar, esperé varios meses con el corazón en vilo a que criticaran alguna de mis obras. Les envié mi obra más personal, "El verano de los náufragos", y la que considero que es mi mejor obra, "El hombre bicéfalo". Esperé en vilo a que llegara la crítica, pensando que una crítica buena haría que se vendiera mejor mi obra, y el 1 de abril, cautiva y derrotada mi pluma, leí la crítica de alguien que, en principio, sabía que tenía cierto criterio literario.

"No sé si este libro es carroña o una genialidad", decía la crítica en cuestión. Pero por el tono en que escribió la crítica y por otras cosas que decía, parecía más bien decantarse por la primera posibilidad. Sé que "El hombre bicéfalo" no es una obra agradable, ni mucho menos, pero precisamente porque está escrita como una crítica y una deformación intencionada de la realidad creo que debía de ser una obra asquerosamente masculina. Los que me conocen personalmente saben que soy una persona poco diplomática, pero yo intenté defenderme tan bien como pude, y les dije, simplemente, que era una novela que normalmente no gustaba al público femenino. Nada más. No dije, porque no lo pienso en absoluto, que no le pudiera gustar a una chica, o que las chicas sean más tontas. En fin, poco más y se lía una de esas discusiones de internautas que sirven únicamente para demostrar que alguna gente tiene mucho tiempo libre.

Como no estaba suficientemente escarmentado, envié "El verano de los náufragos" a otro blog de reseñas, El Jardín de las Malas Hierbas. En este blog sus autoras habían escrito una buena cantidad de consejos y de material muy útil para los aprendices de escritores como yo. Me pasé una semana entera de mi baja de paternidad puliendo el manuscrito de ésta mi primera obra, y cuando la acabé se la envié a las malas hierbas. Supongo que por razones de tipo estudiantil no pudieron leerla en cuanto se la envién, pero este viernes pasado recibí un correo de Urtica Dioica diciéndome que el artículo estaba listo, y que  lo publicaría en breve.

Pues bien, ya tiemblo por leer lo que van a decir de mí. Sé que, como aspirante a escritor, tengo que aceptar que haya gente a la que no le gusten mis obras, por mucho empeño y pasión que haya puesto en ellas. Por lo menos creo que, esta vez, mi obra será juzgada en base a criterios exclusivamente literarios, y habrá algo que eché en falta en la anterior crítica: argumentos técnicos.

A veces pienso que es el camino lógico en todo este rollo de la literatura digital: en algún momento alguien tendrá que poner orden y concierto y decir qué autores valen la pena y cuáles son un refrito de Dan Brown, Belén Esteban y Maria de la Pau Janer. Supongo que, por ese motivo y no otro, envié mi escrito a un blog de reseñas en internet. No creo que aumente mis ventas, pero espero que, por lo menos, la crítica me deje un buen sabor de boca y sienta que, por fin, alguien me da una palmada en mi espalda y me dice: "Chaval, no escribes del todo mal".




lunes, junio 15, 2015

Reedición de la primera entrada de mi blog

"Para nacer he nacido,
para encerrar el paso de cuanto se aproxima,
de cuanto a mi pecho golpea
como un nuevo corazón tembloroso"


Son los primeros versos de Neruda que leí. Estaban escritos en la primera página de un libro blanco y amarillento que teníamos en casa, acumulando polvo y permaneciendo cerrado en las estanterías del comedor mientras la televisión estaba encendida durante horas.

Yo sólo tenía doce años, doce inocentes, indecisos e impulsivos años. Encontré aquel libro por casualidad, como la mayoría de las cosas importantes que me he encontrado en esta corta vida.
Solía pasarme las tardes fisgoneando por casa, curioseando en las habitaciones de mis hermanos, revolviendo sus cajones por el mero placer de buscar, de husmear. Un cajón cerrado es un imán para un niño, y yo aún era y soy muy niño . Abría los cajones, sacaba todo lo que había en el interior y lo volvía a colocar de la misma manera en que estaba, para que ninguno de ellos notara que había descubierto las revistas que escondían en el fondo de la cajonera. Lo mismo hacía con la librería del comedor, un inmenso y oscuro mueble con dos estanterías para libros y dos cajones llenos de material de lo más variopinto: desde pilas gastadas que se guardaban allí para el día en que nos acordáramos de llevarlas a reciclar hasta las agujas de hacer punto con que mi madre me hacía cada año un jersey lleno de cariño que me convertía en el peor vestido de clase.

Unos años antes había leído "Ha llegado el águila", de Jack Higgins, sin saber ni siquiera quién era Winston Churchill. Bueno, al acabarlo me quedó bastante claro que era un barrigudo calvo y machista que fue primer ministro de Gran Bretaña, entre otras cosas de las que quiero pero no puedo acordarme. Leí también "Traficantes de dinero", de Arthur Hailey, "Out" de Pierre Rey, "El gran robo del tren" de Michael Crichton, y otros libros que teníamos en casa y que sólo mis hermanos y yo leíamos, más que nada porque éramos los únicos con suficiente tiempo para leer.

Aún no había cumplido los trece y ya me había enamorado por primera y ojalá última vez. La chica en cuestión era una niñata estúpida un año mayor que yo, que decía que no quería saludarme porque no quería que me hiciera ilusiones. La chavala había accedido a bailar conmigo en el taller de bailes de salón que se hacía aquel año por las fiestas del colegio. Yo estaba tan nervioso que no pude dejar de mirarla a la cara embobado durante todo el vals que bailamos juntos. Al acabar le dijo a mis amigas que la había mirado como si fuera a violarla.

Y fue entonces cuando este libro cayó en mis manos. Era una colección de poemas en prosa y otros escritos de Neruda.

" Esta mujer cabe en mis manos. Es blanca y rubia, y en mis manos la llevaría como a una cesta de magnolias.
Esta mujer cabe en mis ojos. La envuelven mis miradas, mis miradas que nada ven cuando la envuelven.
Esta mujer cabe en mis deseos. Desnuda está bajo la anhelante llamarada de mi vida y la quema mi deseo como una brasa.
Pero, mujer lejana, mis manos, mis ojos y mis deseos te guarda entera su caricia porque sólo tú, mujer lejana, sólo tu cabes en mi corazón"

Era la primera vez que leía algo que me tocara directamente, algo en lo que no estuviera clara la distinción entre el poeta que escribía y el lector que lo leía ávidamente. Desde entonces leí y consumí poesía como el alimento inmarchitable que es. Me pasaba horas y horas leyendo a Bécquer, Garcilaso, Lorca, Miguel Hernández, Virgilio, Homero, Shakespeare y Machado. También escribí varios diarios llenos de palabras sin sentido y con excesiva pasión , así como poemas, algunos lo suficientemente buenos como para ganar un premio, la mayoría lo bastante malos como para hacerme sonrojar, ninguno de ellos lo suficientemente impersonal como para mostrárselo a mis padres.

Cuando acabé el colegio, dejé de escribir, enfermé, me curé y acabé sacándome la carrera de Biología más por obligación paterna que por propio convencimiento. Los amores pasaron y no llegaron nunca, las letras ya no fluían y la inspiración dejó de visitarme. Mis amigas se largaron con el primero que las llevó a dar una vuelta en coche, y mis amigos de toda la vida se volvieron cada vez más insípidos, inspirándose sólo con el humillo de los canutos que se fumaban a cara perro en el parque de enfrente de casa antes de salir de fiesta.

Pero hoy tengo el libro de Neruda enfrente de mí. Hace una semana lo volví a abrir y esta vez lo leí de cabo a rabo, como si una necesidad que hacía tiempo que no saciaba me sacudiese toda la columna vertebral y me empujara a lanzarme de cabeza al torrente impetuoso que es la poesía del chileno.

Ah... sí, se me olvidaba. En la última página garabateé algo con lápiz.

"Escribo para que se libere de nuevo el torrente magnético del que mi pluma es guardiana. Letra a letra, palabra a palabra, frase tras frase, todo lo viejo y hermoso vuelve a su sitio. En esta noche oscura mis palabras son una lluvia de estrellas que dejo ir ahora, como el orgasmo ebrio de un poeta en un prostíbulo. Dejo ir esta luz para que me guíe cuando la luna se vaya y me deje a oscuras en el camino sinuoso y empinado que es mi vida aún no acabada de nacer."

Para escribir de nuevo he nacido.

viernes, junio 05, 2015

Reedición de "Manifiesto por una democracia biológica"

a democracia representativa toca a su fin. La corrupción, el endiosamiento de los políticos, la falta de conexión entre los representantes y la ciudadanía y la excesiva influencia de los grupos económicamente poderosos han herido de muerte a la democracia representativa. Esta crisis es una buena muestra de ello. Si seguimos por este camino, languideceremos y acabaremos siendo un simple recuerdo para las generaciones futuras, como lo fue el Imperio Romano para los visigodos.

El poder corrompe, lo sabemos todos. Eso le dice Gandalf a Frodo al rechazar el anillo, eso deberían enseñarlo en las escuelas. Pero no es el poder lo que está enfermo, sino este tipo de poder: el poder vertical.

Durante siglos hemos creado unas estructuras jerárquicas de tipo vertical, en las cuales la transmisión de información y el flujo de responsabilidades fluía desde la base enorme de trabajadores miserables hasta la cúspide de la pirámide donde el rey, el presidente, el empresario o el accionista mayoritario tenían todo el poder.

No ocurre así en la naturaleza. Los ecosistemas de nuestro planeta, probablemente el ejemplo más perfecto de estructura dinámica y permanente, funcionan de manera horizontal. En un ecosistema hay decenas, cientos, miles de relaciones entre los animales, plantas y microorganismos que viven en él. Cada uno cumple su función y cada uno la hace lo mejor que puede. Cuanto más variado es un ecosistema y más relaciones se establecen entre los diferentes seres vivos que lo pueblan, mayor será su facilidad para resistir las crisis a las que se vea sometido. En un ecosistema como la sabana africana, el león no tiraniza al resto de los animales, simplemente se come una zebra de tanto en tanto, normalmente la más débil, y de esta manera el león se alimenta y las zebras acabarán evolucionando mediante selección natural para no dejarse comer tan fácilmente.

Hemos de aplicar la biología a la política, pero no como hizo Herbert Spencer con su darwinismo social. Hoy en día sabemos que hay decenas de casos de cooperación entre animales, y conceptos como simbiosis, mutualismo y comensalismo ya no nos vienen de nuevo.

Para aplicarla, hemos de crear las estructuras informáticas, algunas de ellas ya puestas en marcha por el 15-M de Terrassa, para que los lazos que nos unan como ciudadanos sean tan fuertes, variados y estables como los que unen a las bacterias del suelo de un bosque con las raíces de los árboles, los insectos que suben por el tronco y los pajarillos que se comen a esos insectos.

Mi propuesta es volver al ágora griega, a la antigüedad clásica, en la que los ciudadanos se expresaban en la plaza pública, pero esta vez sin que haya esclavos que libren a los ciudadanos de trabajar. Hoy las necesidades básicas de todas las personas de mis dos ciudades, Terrassa y Barcelona, pueden ser cubiertas si hay voluntad de acuerdo entre los políticos que hacen las leyes, los bancos que tienen pisos vacíos mientras echan a familias enteras que no pueden pagarlos y los supermercados que tiran comida caducada que todavía se puede comer a la basura. Si garantizamos esas cosas básicas, el ágora griega volverá a florecer, y será un Ágora 2.0, donde los debates y las votaciones se hagan vía internet cuando los ciudadanos hayan llegado de trabajar, y donde las televisiones emitan cada día debates sobre las propuestas de ley que se hayan de votar aquella noche. Si todo un país estuvo en vilo por la final de Operación Triunfo, ¿por qué no puede estarlo el ciudadano medio también por saber si el ayuntamiento aceptará reformar la rotonda que hay a cinco manzanas de donde él vive?

Jeremy Rifkin nos habla en su último libro del poder lateral, de la fuerza de las relaciones sociales y nos hace una pregunta a los jóvenes: ¿dónde queréis estar de aquí a veinte años?

Yo os hago la misma pregunta: ¿qué queréis hacer con vuestra vida? ¿Queréis mirar a Belén Esteban y todos los partidos del Barça? ¿O queréis atreveros a pensar, probablemente el acto más revolucionario, provocativo y obsceno que ha creado la evolución?

Como siempre, este material es gratuito y podéis distribuirlo si queréis. Haré mi propia traducción al catalán y al inglés, y con un poco de ayuda también al alemán.

Reedición de "Carta Abierta a los Hijos de Europa"

En estos momentos de cambio e incertidumbre me dirijo a los hijos de Europa para decirles que tengan fe en ellos mismos, en sus valores y en sus capacidades de recuperación de esta crisis, como en el pasado nos hemos recuperado de crisis peores. El nuestro es un continente que ha pasado por momentos peores, por genocidios, que ha sido preso de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial y de la guerra de los Balcanes y a pesar de ello ha sobrevivido.

No sé si son los mercados, los especuladores o el mismísimo Dios quien quiere hundirnos, pero no importa qué o quién sea. No seremos derrotados. La Unión Europea es el sueño más grande de la humanidad, el experimento de fraternidad y progreso más ilusionante que ha visto el género humano en sus últimos dos mil años de historia. Desde la extinción del Imperio Romano no había habido un territorio tan próspero y lleno de cultura en el planeta.

Porque eso es lo que Europa somos: una cultura, una idea, una ilusión, una esperanza. No podemos ser derrotados, y no lo seremos. Perderemos cosas, especialmente en España y en otros países muy afectados por la crisis. Perderemos los coches de cientos de caballos con los que las hermanas pequeñas de nuestras amigas perdieron la vida. Perderemos las televisiones de plasma y decenas de pulgadas a las que nuestros padres se enganchaban al volver del trabajo y que les impedían pensar o abrir un libro. Perderemos las videoconsolas de última generación con las que nuestros primos se distraían al llegar de la escuela y que les impedían hacer los deberes. Perderemos los pisos que algunos compraron hace seis años, que ya no valen la mitad de entonces, y que nos atan a los bancos de por vida y nos impiden tener hijos y ser felices.

Perder todo esto nos producirá dolor. Mucho dolor. Pero yo os digo: perfecto. Magnífico. Es justo lo que necesitamos. Porque el dolor humano es la fuerza más potente de este planeta y lo ha sido a lo largo de la historia. Canalizad el dolor. Usadlo. Sacadle partido. ¿Cómo? Realizando el acto más revolucionario, atrevido y obsceno que ha creado la evolución: pensando. Pensando en nuevas maneras de vivir, pensando en qué necesitamos realmente y qué no. Hemos de vencer el peor demonio de los seres humanos: el demonio interior que nos dice que no podemos hacer nada por cambiar esta situación.

Somos el pueblo y tenemos el poder. ¿Qué pueblo? El pueblo europeo. ¿De qué nación? De la nación de naciones que es Europa, al igual que España es una nación de naciones.

Los hijos de Europa somos legión. En América somos los hijos de la Pachamama, en los países musulmanes somos los hijos de Allah, y en otras partes del mundo se nos llama de otras maneras. Los hijos de Europa somos aquellos que hemos hecho caso a nuestros padres, que hemos estudiado una, dos o hasta tres carreras, que hablamos idiomas, aquellos para los cuales “nada de lo humano nos es ajeno”, como dice el célebre adagio latino. Los hijos de Europa queremos que nos garanticen que nuestros hijos tendrán la misma oportunidad de educación que nosotros. Si nos garantizan eso, lo demás vendrá por sí solo.

Estamos inmersos en un proceso de cambio que hará que el mundo se convierta en un lugar mucho mejor, más justo y más pacífico. Esta vez no es una revolución, sino una evolución, sin la R de rabia. Conseguirlo nos costará litros de sudor y miles de lágrimas, pero esta vez no costará ni una sola gota de sangre. Porque esta vez la república de las letras vencerá a la república de las armas.

Hace ya más de doscientos años Kant interpeló a la humanidad con su famoso “atrévete a pensar”. Disculpadme si hoy soy yo quien os interpelo de la misma manera: Hijos de Europa, atreveros a crear.

Atreveros a echar a estos gobernantes corruptos que se han adueñado del poder y que ya no recuerdan los ideales de su juventud porque se han hecho viejos. La juventud es el futuro. Y el futuro pertenece a todos los hijos de Europa, de la Pachamama y de Allah que hay en este mundo.

El futuro pertenece a aquellos que en las patrias no creemos porque sabemos que nuestra única patria es la cultura.

domingo, abril 12, 2015

¿Qué es un pixapins?


Es probable que algún lector haya oído alguna vez a un catalán de pura cepa, de los de barretina y vino en porrón, llamar despectivamente “pixapins” a un urbanita llegado a su pueblo para recoger setas o dar un paseo por el bosque. “Pixapí” es un término que los catalanes que viven en pueblos medianos y pequeños utilizan para referirse a los barceloneses y demás habitantes de las ciudades con cierto desdén. Significa, literalmente, “mea pinos”, o sea, una persona a la que se le ocurre orinar o defecar en un pino durante un paseo en el bosque porque, al ser de ciudad, no ha pensado en hacer sus necesidades antes de salir de paseo. Como podéis observar en la magnífica ilustración de Sergi Padró que encabeza este artículo, un “pixapins” es la versión catalana del dominguero.

Los “pixapins” acostumbran a ser de Barcelona o de su Cinturón Rojo, es decir, de las ciudades y pueblos que rodean a la gran ciudad, como Hospitalet, Santa Coloma o Badalona. En estas ciudades y pueblos las características de muchos de sus habitantes difieren en algunos aspectos de las del resto de catalanes. No es únicamente una cuestión de familiaridad con los pinos y las setas, que también, sino que las diferencias incluyen temas espinosos como la lengua, la cultura, el sentimiento de pertenencia y la opción política, tema que trataremos en otros artículos.

Según la entrada de la Viquipèdia dedicada a los motes que tienen los habitantes de Barcelona, este mote se originó durante los años sesenta, cuando los domingueros barceloneses se dirigían en masa a Cadaqués, Begur y otros lugares de la Costa Brava y colapsaban las carreteras con sus autos. Debido a que podían estar parados durante horas y las carreteras discurrían entre bosques de pinos, los voluntariosos urbanitas no tenían otra manera de aliviar su vejiga que orinando sobre dichos árboles.


No es la única palabra “bonita” que reciben los barceloneses en sus excursiones al campo. Es también habitual oír la palabra “camacu”, que por deformación significaría “qué bonito”. El origen es el habitual uso de esta expresión cuando un barcelonés expresa su admiración por algún objeto o paisaje que al habitante del campo se le antoja de lo más cotidiano, como puede ser una montaña, un pino o un puente sobre el río Llobregat.

A pesar de que muchos “pixapins” son también “charnegos” o hijos de “charnegos”, no hay que confundirlos: el “pixapins” es un excursionista de fin de semana, que se mueve por el territorio intentando mimetizarse con el entorno y con los paisanos del lugar, pero que en su intento por parecer auténtico puede acabar confundiendo un roble con una encina o con un coscojo, para regocijo del oriundo del lugar que le tomará el pelo en cuanto pueda. El “charnego”, en cambio, es un español que ha emigrado a Cataluña y que, con mayor o menor fortuna, ha tratado de integrarse en la sociedad de acogida pero al que se le nota, ya sea por su manera de pensar o por su manera de hablar, que se siente más español que catalán. Sobre el conflicto entre “charnegos” y catalanes de origen se han escrito algunas de las obras más importantes de la literatura española del siglo XX, como “Últimas tardes con Teresa” de Juan Marsé, o películas como “La piel quemada” de José María Forn.

Me gustaría acabar este artículo con una pincelada de humor típicamente catalán y español. Al parecer, hace poco ha surgido un grupo llamado Pixapins que ha dedicado una canción a estos entrañables domingueros. Aquí os dejo un enlace a la canción con traducción al inglés.


De aquí a poco, dos más

Seré breve. De aquí a unos pocos días llegarán a mi vida dos niñas idénticas fruto del amor que nos tenemos Sandra y yo. Se llaman Mar y Júlia, y cuando lleguen pienso dedicarles un buen post.

lunes, marzo 03, 2014

Amor, meditación y Johann Sebastian Bach



A lo largo de mi vida he pasado por diversas fases musicales, culturales y me atrevería a decir que incluso filosóficas o espirituales. Quiero resumirlas aquí para proponer un nuevo lema que sustituya al estúpido y patético “Sexo, drogas y rock'n'roll”, o al demasiado terrenal “Salud, dinero y amor”. No pretendo inventar nada nuevo, pero espero poder resumir mi credo vital con el lema “Amor, meditación y Johann Sebastian Bach”.

Amor en vez de sexo

Los que me conocéis sabéis que me costó mucho encontrar pareja, o poder tener algo de sexo con alguien que no fuera yo mismo o la playmate del mes. En el pasado alguna vez tuve sexo sin amor, y por muy bien que lo pudiera haber pasado en aquel momento, la satisfacción que siento al estar simplemente acurrucado al lado de mi mujer al irme a dormir cada noche es mucho mayor, más sincera y más hermosa que la de cualquier noche de sexo desangelado que hubiera podido tener hace años. Cuando le compro a mi mujer un trozo de coca de nuestro horno preferido, le preparo un zumo de naranja y le sirvo el desayuno en la cama un sábado o un domingo, o cuando le regalo un ramo de rosas sin que haya ningún motivo especial para ello, o cuando mi niño corre hacia mí desde el recibidor al volver de la guardería y se estampa contra mí al darme un abrazo, siento que ése sí es el tipo de amor y de placer que repetiría una y otra vez, del que nunca me cansaría, el que me haría sentirme lleno de alegría y completamente feliz. Seguramente alguien objetará que son cosas diferentes, que el sexo por sí mismo, sin sentimiento, tampoco es tan malo, y no lo es. Simplemente creo que a mí no me podría llenar como me llena el amor que siento por mi mujer, y que si ella y yo sólo fuéramos unos amigos con derecho a roce que quedaran para acostarse juntos y no compartiéramos todo lo demás, yo no sentiría ni una décima parte de la satisfacción que siento al ser su marido, amante, compañero y el padre de su hijo.

Meditación en vez de drogas

Cuando era muy pequeño era un devoto cristiano (es lo malo que tiene haber ido a un colegio de curas), y aunque poco a poco fui dejando de creer, quizá no en Jesús pero sí en la Iglesia Católica, mis pensamientos y mis acciones y principios éticos siguen estando bastante imbuidos del cristianismo que mamé en mis primeras lecciones. Con los años he acabado por decantarme hacia una especie de confluencia entre el cristianismo desprovisto de la parafernalia y la mentira interesada, el budismo entendido desde la perspectiva más utilitarista y menos extravagante, y una buena dosis de agnosticismo y escepticismo abierto a la dimensión espiritual sin caer en cientifismos o radicalismos anticlericales. Por ello, abierto como estoy a creer en cosas que aún no conozco, creo que la práctica es más importante que la teoría, en este aspecto al menos. Hace ya casi diez años me introduje en la práctica de la meditación, y, si bien no he sido un practicante asiduo y constante, he tenido suficientes experiencias en este campo como para entender que es una manera poderosa de mejorar como persona, de tener más voluntad, más capacidad de concentración y estar más tranquilo, además de proporcionar de tanto en tanto alguna que otra experiencia de tipo extrasensorial, alucinógena, mística o como quiera llamársele. Cuando pienso en mi dimensión espiritual e intento resumir mi situación, diría que Jesús me dio la teoría y Buda la práctica. Para poder amar al otro como a ti mismo, primero tienes que estar en paz contigo mismo y ser capaz de dejar de lado los sentimientos destructivos y los nervios y el malestar.

La mayoría de mis amigos probaron las drogas con frecuencia, y algunos se engancharon hasta que fueron suficientemente fuertes como para dejarlas. Otros continúan fumando hachís a día de hoy, pero tengo conocidos que sé de buena tinta que se han jodido la vida por culpa de las drogas. Me parece que la generación de mis padres abrió una caja de truenos que aún hoy retumba y espanta, y aunque sé que muchas drogas se han utilizado durante siglos, sigo pensando que no son necesarias y que hay formas mucho más sanas e interesantes de tener experiencias formidables. Con la meditación he tenido sensaciones muy intensas, maravillosas, y no sólo en el momento de la práctica, sino también en otros momentos. Por fuera poco, en las épocas en que he practicado más meditación, he conseguido estar más tranquilo, ser más feliz, ser más humilde y bondadoso, apreciar más las cosas pequeñas y ser más productivo en mi vida laboral y personal.

Siempre he pensado que las drogas son un engaño, una manera de no afrontar los problemas, y que se ha de estar muy deprimido o ser un auténtico gilipollas para consumirlas. Tengo amigos que aún creen en el lema sesentero de “Sexo, drogas y rock'n'roll”, y no puedo dejar de sentir lástima por ellos.

Johann Sebastian Bach en vez de rock'n'roll

Supongo que ésta es la parte más personal de este escrito. Hasta aquí puede que muchos de vosotros  podáis estar de acuerdo conmigo, pero en este punto más de uno discrepará. Cuando era un adolescente me encantaba el rock'n'roll, la música de los cincuenta y sesenta, el blues, el heavy metal y el hard-rock. Algunos de los artistas que escuchaba entonces me siguen gustando o pareciendo buenos, pero la mayoría de ellos me parecen poco más que aprendices de músico que, no sé si porque no sabían suficiente o no se les permitía, no demostraron nunca tener demasiada idea de tocar su instrumento, cantar o componer música. Me siguen gustando los Beatles, pero la mayoría de sus canciones son simples y facilones, y aún más fáciles y repetitivos son los blues de la mayoría de músicos negros de los cincuenta y sesenta. Yo estaba pirrado por Eric Clapton y otros guitarristas de su época, pero la verdad es que tienen bastante poca técnica y aún menos capacidad de inventiva y dominio real del instrumento. Si les sacas de sus pentatónicas la mayoría no saben ni hacer la o con un canuto, musicalmente hablando. Pasé por diversas fases, ascendiendo de complejidad, y cuando los bluesmen ya no me interesaban parecía que las guitarras locas y supersónicas de Steve Vai y Joe Satriani me iban a deslumbrar para siempre. Pero también esto era “vanidad de vanidades”, como diría el Eclesiastés. Después de haber estudiado guitarra durante más de una década y pasada casi otra de estudiar canto, solo puedo decir que hay pocas músicas tan hermosas, bien escritas y elocuentes como las compuestas por Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Franz Schubert, Johannes Brahms. Giacomo Puccini, Francis Poulenc, Georg Frederic Händel y muchos otros que, por desgracia, no aparecen en la gran mayoría de radios comerciales que vomitan mierda sonora pensada para atontar a la mayoría de los ciudadanos, ruido que no tiene el más mínimo interés musical, artístico o estético. El rock'n'roll fue el inicio de la debacle musical de occidente, seguido por engendros como el pop, el grunge, el trash, el punk, el hip-hop o el penoso rap, que para ser una música negra es realmente de muy baja calidad si se compara con el jazz o el ragtime. La música es para mí muy importante, y soy consciente de que mi manera de pensar en este aspecto puede ser un tanto talibán, pero el noventa por ciento de lo que sale en la radio es, a mi juicio, pura y llanamente basura. Por desgracia, también el noventa por ciento de la población no tiene estudios musicales, motivo por el cual David Bisbal es millonario y los músicos de verdad como mi mujer y muchos amigos suyos sobreviven dando clases de música donde les dejan.


Conclusión

Este pequeño escrito estaba pendiente desde hacía un par de años, cuando pasé por un periodo agitado de mi vida en que muchos pensamientos y sentimientos me vinieron a la mente al nacer mi pequeño Pau. Espero que os haga reflexionar, y si alguien se siente identificando, estupendo.


Tarde ante el televisor

Os dejo un poema muy cortito que retoqué hace tiempo. Todavía tengo pendiente hacer una gran revisión de los muchos versos que escribía cuando era más jove.



TARDE ANTE EL TELEVISOR

Maniquíes humanos
en la pantalla
siempre sonriente,
eternamente sonriente.

Música
             ligera.
Música
             barata.
Música
             siempre actual.

Carmín excesivo,
             barato,
perfume en la garganta,
pendientes que no relucen,
brillos rojizos,
óxido en los pechos
             caídos,
impostados,
pálidos,
fumados.

Palabras
             excesivas.
Palabras
             vacías.
Palabras
             siempre demasiadas.
            

miércoles, febrero 26, 2014

9 de noviembre de 2014

A pesar de no haber conseguido el nivel de ventas que hubiera deseado, de aquí a unos meses (espero que no muchos), publicaré una segunda novela con Ibuku. Su título es "9 de noviembre de 2014", y el punto de partida es muy simple: una vez celebrado el referéndum de autodeterminación de Cataluña, con victoria del sí, las tropas acuarteladas en Zaragoza bajo el mando del general Alejandro San Cristóbal atacan Lleida. Por prudencia legal he preferido que todos los personajes del libro sean inventados, aunque algunos son fácilmente reconocibles. Os dejo un pequeño avance. Espero que os guste, y si alguno de vosotros desea echarle una mirada al texto entero seguramente podamos llegar a un acuerdo (me gusta mucho el té con leche).





"El nueve de noviembre de 2014 se celebró por primera vez en España un referéndum con carácter vinculante sobre la independencia de Cataluña. Los ciudadanos de Cataluña, nacidos o no en la hasta entonces comunidad autónoma, catalanoparlantes, bilingües o castellanófonos, de derechas o de izquierdas, nacionalistas o no nacionalistas, fueron llamados a las urnas para decidir por fin si Cataluña podía ser un estado independiente a todos los efectos. El referéndum había sido durante años un objetivo de los partidos independentistas, mientras que aquellos partidos nacionalistas que habían debido asumir la responsabilidad del gobierno de la Generalitat habían ido postergando la celebración de la votación con la excusa de considerar que el plebiscito no era una urgencia. Después de semanas de campaña, la votación se celebró sin incidentes remarcables. Un cincuenta y tres por ciento de los votantes emitieron un voto afirmativo, y la abstención fue del veintiocho por ciento. A tres de cada diez catalanes les era absolutamente igual decidir sobre el tema."

"Hacía quinientos años que un catalán no dirigía España, y el país hacía aguas por todos lados. Los catalanes ya habían intentado apoderarse del barco antes de que este naufragara, pero los capitanes que había tenido sucesivamente el bajel no habían querido hacer caso a las advertencias catalanas acerca de la necesidad de un cambio de rumbo. España se enfrentaba a su peor crisis desde la Guerra Civil. Decenas de miles de jóvenes con una buena formación se marchaban del país a buscar trabajo al extranjero, donde los profesionales españoles estaban mucho mejor valorados que en su país de origen. Los servicios sociales estaban saturados de peticiones de ayuda económica, Cáritas ya no podía atender a todos los demandantes de alimentos y de ropa, mientras que los presupuestos de las administraciones para atender a los más necesitados se habían reducido casi un setenta por ciento en los últimos años. El país estaba, lisa y llanamente, en la bancarrota, y quien no quisiera aceptarlo o verlo con sus propios ojos era un iluso al cual la realidad no tardaría en hacerle ver lo evidente. En un contexto de crisis tan grande, con un país arruinado y una población al límite de la supervivencia, era lógico que surgieran proyectos como el referéndum de Casadessús, que buscaban una vía de escape rápida para Cataluña, una posible solución para dejar la crisis circunscrita a España y poder afrontar un futuro más próspero y feliz fuera de la prisión española.

            Cuando el president anunció la noche del 15 de abril que Cataluña celebraría un referéndum vinculante sobre la independencia del país, la mayor parte de los catalanes recibió con júbilo la noticia. Varios miles de personas salieron a la calle con banderas estelades, como si ya hubieran ganado la votación. Eso sucedería unos meses más tarde, y, mientras decenas de miles de catalanes celebraban la victoria del sí en las plazas de las principales ciudades y pueblos, una división de tanques acorazados saldría de la base de Zaragoza en dirección a Lleida bajo el mando del teniente coronel Alejandro San Cristóbal.
            No eran unas maniobras."