Desde hace poco la vida me vuelve a sonreír. He encontrado trabajo de profesor, cómo no, pero llevo mejor esta sustitución que la primera que hice. Supongo que debe ser la experiencia, que hace que no me desespere tanto, ni pierda la paciencia con la facilidad con que lo hacía antes, o quizá es debido a que, al dar casi todas las clases durante las primeras horas de la mañana, los niños están más calmados. Sea como sea, estoy contento porque me estoy demostrando que puedo volver a hacer de profesor, la profesión que, aunque llena de desilusiones y desengaños, es la que he escogido. Es cierto que también tiene sus cosas buenas, entre ellas el tiempo libre y el sueldo. De aquí a tres semanas tendré vacaciones de semana santa y podré mirarlo todo con más calma, me iré con Pili a Munich y desconectaré de todo durante unos días que me irán la mar de bien para afrontar el duro final de curso con más fuerzas. Como todo profesor, a veces me enfado mucho, grito más de lo necesario, me desespero...