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Si la decepción llama a tu puerta.

Ante todo, quisiera decir que me he propuesto firmemente escribir a partir de hoy una entrada a la semana en este blog que tengo tan abandonado. No es una tarea excesivamente difícil, si bien, dado que sólo escribo cuando realmente tengo algo que comunicar, es posible que mi monótona vida no dé suficiente de sí para escribir con tal frecuencia. Así que quizá deba hacer como tantos otros bloggers que llenan sus entradas con comentarios sobre el último libro que han leído, el último concierto al que han ido, o cosas por el estilo. Lo que está claro es que no hablaré de mis amoríos, más que nada porque no hay posibilidades de tener pareja a corto plazo. Como podéis imaginar por lo que leísteis en el último post, acabé la segunda novela hace ya casi dos meses, la llevé al registro de la propiedad intelectual en la calle Muntaner y la envié a unas cuantas agencias literarias y editoriales. He aquí una lista detallada: ACER literaria, Sandra Bruna, Ute Körner, Bookbank, Carmen Balcells, Pon...

Faltan sólo cinco páginas

Hace tiempo que no escribo aquí, principalmente porque no me ha sucedido nada extraordinario y también por falta de tiempo. Alguien objetará que no hace falta ningún acontecimiento especial para mantener actualizado el blog, lo cual es cierto, y también habrá quien dude de que no haya sido capaz ni de encontrar unos pocos minutos para dedicarle a esta página en los dos meses que hace que no escribo nada . Sólo tengo una excusa verdaderamente válida: durante estos dos meses no he parado de escribir, si no bien cada día, sí con mucha frecuencia, y con una fluidez que no había experimentado nunca antes. ¿Que qué he escrito, entonces? Pues que va a ser: mi segunda novela, titulada "El escritor transparente". Después del sprint de las vacaciones navideñas, en que escribí unas veinticuatro páginas en seis días, volví al trabajo decidido a darme un atracón de letras en mis ratos libres. El resultado: casi cuarenta y cinco páginas escritas en poco más de semana y media. Sólo me falta...

Ante un proyecto nuevo

Hace ya casi un mes que estoy escribiendo una nueva novela. Llevo escritas unas cincuenta páginas a espacio y medio, divididas en ocho capítulos. Del argumento no puedo explicar demasiado, ya que creo que es mejor no hacer demasiada publicidad de la novela hasta que esté registrada, pero sí que debo decir que es una historia mucho más interesante y atrayente que la de mi anterior novela. En pocas palabras, trata de un negro literario, si bien hay muchas más complicaciones en la trama literaria que hacen que la novela sea, a mi entender, mucho mejor que mi primera obra. Tengo firmes esperanzas de poder publicar esta segunda novela, si bien aún no la he acabado, aunque reconozco que será complicado que me quede como desearía y que tenga suficiente tiempo para escribirla. De hecho, el principal impedimento para acabar la novela es que, al llegar a casa, después de ocho horas de estar sentado enfrente del ordenador, si me vuelvo a poner enfrente del teclado la espalda y los brazos se me ac...

Una de cal y otra de arena

En los dos últimos días he recibido contestación de dos editoriales a las que les envié el libro. Una me ha dicho que no. Según ellos, "no hay duda de que es una novela original, pero debemos seleccionar nuestros títulos por muchos otros motivos, entre los cuales no es menor nuestra confianza en poder comercializar una obra adecuadamente." Era una editorial pequeña, que trataba con temas relacionados con Galicia, y en la que tenía puestas bastantes esperanzas de poder publicar con ellos. La otra editorial me ha dicho que sí, pero hay un gran inconveniente. Se llama Nuevos Escritores, y se encarga de publicar la obra en coedición con el autor, lo cual quiere decir que yo tendría que poner la nada desdeñable cifra de 2450 euros para ver mi sueño cumplido. Dicen que con la venta de los ejemplares que me tocan por contrato ya amortizo de sobras esa cantidad de dinero, pero, claro, yo no me veo capaz de vender los doscientos ejemplares que debería de vender. Por otro lado, todaví...

A la caza del agente

Llevo varios días telefoneando a algunos de los nombres que aparecen en una lista de agentes literarios que he encontrado en internet. La mayoría están de vacaciones, y muchos otros ya no aceptan manuscritos, debido a la enorme cantidad de trabajo. He podido enviar muestras de mi trabajo a algunos agentes, y ahora sólo es cuestión de tiempo que me digan algo al respecto. Intento no hacerme excesivas ilusiones: publicar sería para mí un motivo de orgullo y de satisfacción, pero poco más. Ya he comenzado a escribir fragmentos de una segunda novela, pero casi no tengo tiempo para dedicarle. El motivo es que voy a comenzar a trabajar a jornada completa con mi padre, y eso hará que no pueda quedarme por las tardes en casa escribiendo. De todas maneras, no es algo que me haga sentirme mal, pues el trabajo de mi padre cada día me gusta más, si bien reconozco que no es todo lo estimulante que desearía. Ahora bien, creo que estoy llevando a la práctica buena parte de las enseñanzas del psicólog...

Todo fluye, nada permanece

Hace unas tres semanas me despidieron. Estaba trabajando de profesor en un colegio, de nuevo, a pesar de que no es la profesión tan bonita que me esperaba que fuera. Me habían contratado para suplir una baja, ya llevaba casi tres meses y estaba bastante satisfecho de cómo me iba. Sin embargo, durante el último mes la actitud de los alumnos había empeorado considerablemente. Un día la jefa de estudios quiso hablar conmigo para decirme que había recibido quejas de padres con respecto a mí. Según los niños, yo explicaba poco, corregía muy rápido, les había insultado – únicamente les había dicho que eran una clase pésima, pero como no saben que quiere decir esa palabra… - y que en mis clases había muy poca disciplina. Yo me defendí como pude, le dije lo que hacía en mis clases y aclaré lo de los supuestos insultos, pero la semana pasada se lió todo. Cuando estaba echando de clase a un chaval de los más problemáticos, y le estaba indicando el trabajo que debía hacer fuera de clase, no se le...

Adiós a Pili

El jueves pasado Pili y yo lo dejamos definitivamente. No fue un “hasta nunca” cargado de ira o de resentimiento del uno contra el otro. No fue tampoco un adiós definitivo ni una invitación definitiva a dejarnos de ver para siempre. No. Simplemente ella fue muy sincera conmigo y me dijo que no se veía con fuerzas para pasar el resto de su vida conmigo. Me dijo algo que a veces yo también había pensado, algo a lo que yo también le había dado vueltas y que muchas veces me había resistido a decirle claramente o a pensarlo en esos mismos términos. Somos muy buenos amigos y lo seguiremos siendo en el futuro, no hubo ni una sola palabra llena de resentimiento en nuestra despedida. Simplemente vimos que nos convenía más ser amigos que pareja formal. Quién sabe si algún día volveremos a ser novios, si nos arrepentiremos de habernos dicho adiós y querremos volver a estar juntos en un futuro. Lo que está claro es que somos buenos amigos, pero quizá no era lo más conveniente que siguiéramos junto...

Casi de vacaciones

Lo mejor de la profesión de maestro es, sin lugar a dudas, las vacaciones. Disponer de casi tres meses de vacaciones retribuidas al año puede parecer un privilegio, pero es una auténtica necesidad que el duro trabajo acaba imponiendo. Después de nueve meses aguantando las tonterías, estupideces, insubordinaciones y faltas de respeto de los alumnos, lo mínimo que necesita un profesor es un buen período de tiempo de calma y tranquilidad antes de volver a enfrentarse a los treinta energúmenos de cada clase. Es el factor que más tuve en cuenta a la hora de elegir profesión, junto al sueldo y a la cantidad de ofertas de trabajo que hay de profesor. Poco a poco me voy acostumbrando a las cosas buenas y malas de la profesión, y depende del día le hago más caso a unas que a otras. Pasado mañana comienzo las vacaciones de Semana Santa, me voy con Pili a Munich y antes pasaré cinco días durmiendo hasta las tantas y disfrutando de mi tiempo libre. Después de las vacaciones vendrán dos meses más d...

Réquiem por el mundo ideal

Una de las cosas que vengo trabajando desde hace tiempo con mi psicólogo es mi tendencia a refugiarme en el ideal y a no querer asumir la vida como es. Por una parte hemos visto como eso me lleva directamente a la enfermedad, y, por otro, también hemos visto que soy tan extremadamente perfeccionista que me cuesta mucho aceptar que las cosas no son como yo querría que fuesen. Pues bien, algo tiene que cambiar dentro de mí porque, de lo contrario, no seré capaz de estar satisfecho con mi vida y de ver ese reverso agradable que comentaba el otro día. No sé donde está la razón de tanta insatisfacción, supongo que tiene que ver el hecho de haber pasado tanto tiempo disfrutando de un montón de horas de tiempo libre que han provocado una tendencia enfermiza a querer refugiarme en esas actividades que hacía en mis horas muertas cada vez que la realidad no me gusta. Hace unos años era sobretodo la guitarra, quería aprender a tocar muy bien, quería incluso ganarme la vida con ello, y pensaba que...

Sonrisas de la vida

Desde hace poco la vida me vuelve a sonreír. He encontrado trabajo de profesor, cómo no, pero llevo mejor esta sustitución que la primera que hice. Supongo que debe ser la experiencia, que hace que no me desespere tanto, ni pierda la paciencia con la facilidad con que lo hacía antes, o quizá es debido a que, al dar casi todas las clases durante las primeras horas de la mañana, los niños están más calmados. Sea como sea, estoy contento porque me estoy demostrando que puedo volver a hacer de profesor, la profesión que, aunque llena de desilusiones y desengaños, es la que he escogido. Es cierto que también tiene sus cosas buenas, entre ellas el tiempo libre y el sueldo. De aquí a tres semanas tendré vacaciones de semana santa y podré mirarlo todo con más calma, me iré con Pili a Munich y desconectaré de todo durante unos días que me irán la mar de bien para afrontar el duro final de curso con más fuerzas. Como todo profesor, a veces me enfado mucho, grito más de lo necesario, me desespero...

Por qué escribir

A veces me pregunto por qué escribo. No le encuentro una justificación lógica, pues la verdad es que hay muy poca gente que me lee, y el gran proyecto del año pasado, la novela de la cual escribí cien páginas en Julio, está embarrancada y en punto muerto, por falta de inspiración y de tiempo. Muchos escritores han afirmado que ellos escribían por necesidad, y supongo que algo de eso debe de haber. En mi caso, quizá es la necesidad de sentir que no pierdo todo mi tiempo libre estirado en la cama mirando las musarañas que cuelgan del techo. Si hubiera escrito este post hace unos meses, antes de enfermar, habría dicho algo sobre la eternidad, sobre la permanencia después de la muerte, sobre la inmortalidad de la palabra y la necesidad del ser humano de sentir que sobrevive a su muerte física en forma de caracteres impresos. Pero seamos realistas: eso sólo lo consiguen unos pocos elegidos que se pueden dedicar a escribir y que publican y venden lo que publican. No es mi caso, así que sólo ...

La eterna desilusión vital

He llegado a la conclusión de que la universidad no te prepara en absoluto para la vida real. Durante unos cuantos años de tu vida estudias con ilusión, te emocionas ante la belleza de lo que te enseñan, te admiras de los descubrimientos que otros han realizado y piensas que, con un poco de suerte, quizá tu nombre salga en los libros de texto. Desde todos lados intentan convencerte de que el conocimiento es algo útil y hermoso, que el ser humano se vuelve más humano y menos animal cuando se culturiza y se dedica a cultivar su intelecto y su inteligencia de las formas más refinadas. Y toda esta visión se viene abajo cuando uno tiene que enfrentarse con la realidad cotidiana del trabajo. Debe ser que aún tengo una vena filosófica profunda y me resisto a que quede definitivamente muerta ante la muchas veces decepcionante realidad. Digo todo esto porque ayer me inscribí a una oferta de trabajo y hoy he leído en internet las opiniones de gente que había trabajado con ellos. Horarios ...

El ordenador ahorcado

Hoy se nos ha colgado el ordenador en la oficina. Ha cundido el pánico, el caos ha sido insoportable, las oficinistas ya pensaban en el suicidio colectivo y hasta mi padre – el jefe siempre sereno de la empresa – ha suspirado con un gesto intranquilo. Y es que no hay nada peor que se te estropee todo el sistema informático de la empresa y nadie pueda trabajar durante las horas estipuladas en el contrato por un problema ajeno a su voluntad. Vivimos en un mundo empresarial preso de la informática, todo lo que antes llevaba horas realizar con una calidad mediana ahora puede hacerse en cuestión de segundos gracias a un simple clic. Pero también en la informática existe el lado oscuro de la fuerza: ¿a quién no se le ha colgado nunca el ordenador, teniendo que dejar un trabajo a medias, o no pudiendo utilizar internet durante los días que más lo necesitas? Gracias a Bill Gates los ordenadores del 99 % de oficinas del mundo llevan un sistema operativo lleno de errores que se bloquea cada tres...

Se acabó

Hoy he cogido el alta, lo cual quiere decir, poco más o menos, que la enfermedad ya ha pasado y que debo volver a trabajar de profesor. La he cogido porque el viernes tengo una entrevista para un colegio, y lo más probable es que me cojan para hacer de profesor en horario de mañanas durante unas tres semanas. No me daré cuenta y ya se me habrá acabado el contrato, y yo habré ganado, a cambio, una renovada fuerza y confianza en mí mismo si todo va bien. Si todo va mal, y las clases se me ponen cuesta arriba, me consuela el hecho de pensar que sólo serán entre tres y cuatro semanas de clase. Tengo ganas de comenzar de nuevo y de demostrarme que el paréntesis obligado de la enfermedad sólo ha sido un accidente. El médico insiste siempre en que puedo hacer de profesor, no me lo prohíbe, y yo le creo y confío en volver a ser el que siempre he sido. Como me dijo ayer, a pesar de que esta vez la crisis ha sido mucho más fuerte que otras veces, la recuperación ha ido mucho mejor. Supongo que t...

Otro año más

Salir en fin de año es como gritarle al árbitro en un partido de fútbol: como todo el mundo lo hace, no pasa nada por ser un tanto maleducado. Que conste que me gusta la fiesta, y pasarlo bien con mis amigos, pero no entiendo porque hay ciertas noches al año - la otra es la de San Juan - en la que parece que haya que rellenar la casilla de juerguista en tu declaración de la renta. Supongamos que eres una persona más bien tranquilita, que no bebes, que no te gusta demasiado la fiesta y que no soportas que todo el mundo vaya desfasado a tu alrededor. Una persona así lo tiene crudo en días como este, porque de lo que se trata en fin de año es de celebrar que el tiempo corre y que hemos de comprar un nuevo calendario para sustituir al viejo. Hay gente que se compra ropa interior roja, nos comemos una uvas tan rápido que no da tiempo a que se pelen o se les quite las pepitas, nos emborrachamos, hacemos propósitos de año nuevo que dejaremos a las dos semanas y nos ilusionamos con el futuro...

De nuevo Pili

Este pasado fin de semana me fui con mi chica a Calella, a presentarle a mis abuelos y, de paso, darnos un chapuzoncito en la playa a media tarde. No pude quitar de los ojos de mi niñita durante las tres horas que estuvimos estirados sobre la toalla, tomando el sol y charlando. Pili es pequeñita y delgada, con la carita de niña más bonita que una mujer de veintisiete años puede tener. Su barbilla es redondita, dulce, parece una bola de helado puesta del revés, y cuando sonríe sus mejillas se curvan transmitiendo una ternura que desarma el corazón más frío. Sus ojitos marrones brillan con esa luz que sólo las almas hermosas emiten, destellos de un mundo maravilloso en el que los seres humanos desearíamos perdernos de vez en cuando y al cual ella me transporta cada vez que asienta su cabecita en mis muslos y me cuenta como le ha ido el día, cómo se han portado sus alumnos o los trucos que debe hacer para llegar a fin de mes. Pili tiene dos manos pequeñas de dedos finos y cortos que, a pe...

Errores y aciertos imperfectos

Todos nos equivocamos. Es propio de nuestra condición humana, y nada podemos hacer para evitar que nos equivoquemos de vez en cuando. Algunos de estos errores nos harán madurar como persona, otros no, pero todos nos dejan una cierta mancha de inseguridad y puede que hasta de dolor. Un día descubres que quizá te equivocaste de carrera, o bien que te has portado mal con un amigo, o que no debiste tratar así a tu madre, o que no debiste suspender a aquel chico que te traía los deberes hechos cada día. Uno tras otro, los errores que hemos cometido nos han hecho ser quienes somos, de un modo u otro han dado forma a nuestra manera de pensar y de sentir, configurando nuestras emociones y maneras de actuar como si las equivocaciones fueran los diversos programas que hacen funcionar nuestro PC cerebral. Estoy a punto de acabar mi primer curso como profesor, aunque debería decir mis primeros cuatro meses. Sigo dudando en mi interior, debatiéndome entre elegir esta profesión o bien buscarme...

Sólo ante el teclado

Sólo me dejo ir ante al teclado, ante la pantalla siempre viva y luminosa en la cual aparecen mis ideas reflejadas con un mínimo movimiento de mis dedos sobre las teclas. Es la magia que tiene poder utilizar mis manos para expresarme, sin necesidad de utilizar nada más que el ápice de los dedos. Mi cabeza, mi voz interior piensa lo que quiero decir, y yo la oigo, y mis dedos son mi lengua y mi boca, dejando ir mis palabras una tras otra, tal y como salen de mi lengua cerebral. Por eso no necesito más que dejarme ir, improvisar, como cuando me pasaba horas y horas de esas tardes infinitas de la adolescencia tocando con mi mejor amigo las canciones que sacábamos de la radio, sobre las cuales creábamos solos que no tenían nada que envidiar a los de muchos artistas de mentirijillas que salen hoy por la tele. David, que así se llama mi mejor amigo, siempre quería que fuéramos a su casa, para empezar porque era y sigue siendo bastante comodón, y también porque su habitación tenía una amplia ...

Del futbol y otras drogas (legales)

Esta semana pasada el Barça ganó la copa de Europa, confirmando así que es el mejor equipo del continente europeo – y, dicho sea de paso, del mundo – . Primero de todo debo decir que me gusta el fútbol. No es la mayor de mis aficiones, como rezaba aquella canción que ilustraba un famoso anuncio de Canal +, pero sí que me apetece, de tanto en tanto, alcachofarme en el sillón del comedor y ver un buen partido de balompié por la tele. Lo segundo que debo decir es que, además, soy del Barça. O sea, que debería sentirme muy contento con lo que mi equipo ha conseguido en sólo dos semanas: una liga española y una Champions son motivos más que suficientes para la mayoría de seguidores culés para sentirse felices y contentos durante todo lo que queda de mes. Cuando hace dos semanas el Barça se proclamó campeón de liga había quedado con Pili por el centro y pude ver el aspecto que presentaba Canaletas a las diez y media de la noche. Y no pude más que sentirme inquieto por lo que vi ese día y lo ...

La jardinería cotidiana

Es curioso el efecto que el tiempo libre puede tener sobre la mente de los hombres. Nuestra frágil y mudable condición humana nos hace desear siempre aquello que no tenemos, de tal manera que siempre desearíamos tener lo que no poseemos. Nuestros afectos y pasiones son como el culo de una señora demasiado gorda que siempre está buscando una silla en la que sentarse a la mesa común: en unas, por ser demasiado estrechas, no caben sus posaderas, y en las otras, por ser demasiado grande, no deja espacio a los otros comensales para que disfruten del banquete con ella. Nuestras ilusiones y deseos son un vestido que acostumbra a ser excesivamente ceñido o excesivamente holgado, de tal modo que nunca nos sentimos a gusto entre las telas que nos han de vestir. Es por ello que no es más feliz quién más sueños realiza, sino quién menos ilusiones necesita realizar. La meditación, esa divina llave que cierra la puerta del desasosiego a cada vuelta de candado, me está enseñando que es necesario renu...