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De Quijotes y molinos

El jueves pasado empecé mis vacaciones de semana santa, sabiendo que cuatro días de esta semana serían ocupados en preparar clases y en corregir exámenes, con la cabeza llena de recuerdos desagradables referentes a la última clase que tuve en el colegio, sintiéndome medio incapaz de dominar a los niños y pensando que poco a poco me estaba convirtiendo en una especie de torpe mental, sin la agilidad que mi mente tenía en otros momentos de mi vida y con la mayoría de mis músculos tensamente agarrotados. Comencé las vacaciones sintiéndome aliviado por dejar atrás la animosidad e incoherencia que llenaba las gargantas de los niños que, durante la última semana antes de las vacaciones, estaban realmente insoportables. Pues bien, durante estas pequeñas vacaciones he visto que parte del problema al cual me enfrento durante estas semanas, es decir, parte de la culpa de tener estos sentimientos míos tan llenos de tristeza y de aceptada resignación es mía. Durante todo el tiempo que he estado tr...

La letra es la puerta del alma

Hace unas semanas se recogieron los trabajos de los alumnos que participarían en los Jocs Florals de este año. Como la tradición manda, cada vez que se avecina Sant Jordi se intenta motivar a los alumnos para que escriban un texto en prosa o un poema que tenga un mínimo de calidad literaria, premiando ese esfuerzo con un trofeo o un lote de libros que anime al ganador a continuar por la senda de la creatividad recién descubierta. Ya que últimamente ha renacido mi vena literaria me ofrecí como voluntario para ser jurado y otorgar el premio a quien reflejara en su escrito un atisbo de expresividad o de belleza que pudiera emocionarme. Como ya vendría siendo costumbre en mí desde que trabajo de profesor, ahora debería quejarme del bajo nivel de los escritos, del enorme número de faltas ortográficas que cometen los alumnos, de la poca coherencia de ciertos textos y de la falta de ideas con sustancia y de vocabularios más amplios. Pero no son estos “defectos de forma” lo que más me ha ...

De la renuncia y otros males

Desde hace años he intentado ocupar mis horas de la manera más fructífera posible. Es decir, actividades como ver la tele, mirar fijamente el techo mientras la mente se queda tan en blanco como la pintura de las paredes o hacer el vago un domingo levantándome a eso de las 12 eran actividades que sólo podía hacer con un regusto amargo y quedándome en el cuerpo una desagradable sensación de haber perdido mi precioso tiempo, teniendo que sentirme culpable por ello. Durante años, como digo, he pensado que mi padre desaprovechaba su escaso tiempo libre plantándose delante de la televisión al llegar a casa después de 12 horas de duro trabajo, o pasándose toda la mañana del sábado y del domingo – así como varias horas de las tardes de esos dos días – durmiendo. Y yo, consciente y seguro de que el ser humano tenía que cultivar todas aquellas parcelas del arte y de la cultura que su larga – o a veces corta – vida le permitiese, pensaba que el peor ocio era el ocio en que no había ni un ápice de...

Que el amar no sea delito

“Ámame cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito” Es un aforismo chino que he leído hoy, por casualidad, mientras visitaba el blog de un amigo mío que tiene mucho más éxito con sus publicaciones virtuales que yo con las mías. La cita aparecía como comentario de una entrada en la que el autor, antiguo profesor mío, explicaba que siempre había sentido más atracción por los alumnos conflictivos que por los buenos alumnos. De hecho, todos nos acordamos del gamberro de clase antes que del empollón, de aquél que rompió una puerta en el gimnasio intentando entrar en el vestuario de las niñas antes que del gafitas callado y estudioso que se sabía los capítulos del libro de sociales de memoria. Es la virtud y el defecto de nuestra memoria: recordamos gracias a las emociones, y siempre tenemos más presente la única bofetada que nos arreó nuestro padre que todos los sacrificios que ha hecho por nosotros. Cuando leí esta frase, a eso de las dos y media de la tarde, me hice...

Desilusión y sublimación

Mi generación fue la de un puñado de chicos y chicas que creció con la televisión y sus series de dibujos japoneses, con nuestras abuelas que guardaban caramelos de miel y limón en un tarro de cristal ligeramente abombado escondido en el cajón inferior de la mesita de noche, con nuestras madres comenzando a emanciparse económicamente de sus maridos – o sea, nuestros padres – y con un millón de cachivaches inútiles que nos regalaban cada Navidad en pleno delirio consumista. Algunos – yo diría que muchos – estudiamos una carrera universitaria, logro que a ojos de nuestros padres parecía el súmmum de lo que un hombre respetable podía conseguir en esta vida. Algunos – otra vez diría que muchos – desarrollamos un cierto sentido de que la cultura y el conocimiento eran algo hermoso, necesario y hasta divertido, y que nos convenía como sociedad y como especie que aspiraba a mantenerse vivita y coleando en este planeta que asumiéramos de una vez por todas un cierto respeto por lo más elevado q...

Para Pili, mi pequeña pianista

Pili se sienta, callada, ante el piano que todo lo absorbe. Toca, acaricia, amartillea, y el piano todo lo absorbe. Pili se sienta, callada, la música también con sangre entra. Golpea, apreta, tensa, y el piano nunca se queja. Pili piensa, en silencio, que quizá no desea tocar, que algo impropio le hace mover los dedos, esos dedos finos que saben volar. Schubert le ha hablado cientos de veces, y Mozart, y Bach. Todos ellos le han contado como brilla la luna sobre el lago de Como, o de qué color son las hojas que caen al suelo en el otoño lluvioso de la Selva Negra. Y ella los ha escuchado con ardorosa impaciencia, con pasión impenitente, volcada en las notas que los maestros del pasado han escrito para ella y sus dedos perfectos. A cambio de contarle esas hermosas historias, los compositores le han exigido disciplina, paciencia, trabajo, humildad ante el teclado y sacrificio, montañas de sacrificio. Ella aceptó éstas y otras contrapartidas, y se vio a sí misma coronada por la belleza ...

Poème d'amour (ou non)

Moi, je t’offrirai un paquet de biscuits Je creuserai la terre jusqu’à midi Je te ferai l’amour avec désillusion Je n’inventerai pas une nouvelle position. Je te parlerai de football et de voitures Je te raconterai mes stupides aventures, Je me cacherai quand il viendra le moment de faire la vaisselle Laisse-moi être un fainéant et ne jamais vider la poubelle. Traducción Te ofreceré un paquete de galletas Cavaré la tierra hasta mediodía Te haré el amor con desilusión No inventaré una nueva posición. Te hablaré de fútbol y de coches Te explicaré mis estúpidas aventuras Me esconderé cuando llegue el momento de lavar los platos Déjame ser un vago y no sacar nunca la basura.

Noche sin fiesta, domingo sin gusto

Las noches son siempre más tristes que los días. Para empezar, no hay luz. Es suficiente motivo para que las preocupaciones, la soledad, los miedos y las brujas te asalten cuando aún no te has ido a dormir, mientras el viento sopla frío al otro lado del cristal de la ventana de tu habitación, y oyes su silbido quejumbroso mientras contemplas impertérrito la inmensa negritud de la noche. Los segundos pasan poco a poco, el tic-tac es casi imperceptible, sólo suena en tu cabeza. Tiiiiiic! Taaaaaaaac!. Si tuvieras un reloj dentro de tu cabeza te darías cuenta que un segundo nocturno dura más que uno diurno. Danzan las agujas, el tiempo canta un réquiem. Y todo es espacio sediento de luz. Y todo es tristeza. La noche es la imperfecta muerte de la alegría, y digo imperfecta porque los gozos vuelven cada mañana, con el sol y la luz que de él emana, atravesando los cristales de las habitaciones de tu casa, despertando a quien duerme e inspirando a los pájaros que cantan. Hay muchos tipos ...

sigo siendo un pésimo poeta ( pero al menos me esfuerzo en ser malo)

Para Enara, en el vientre materno Hoy vi un vientre grávido y dentro dormías tú, golondrina pequeña que surcará el perfecto azul. El don de la vida que todo enternece te ha sido dado para engañar a la muerte. Regalo más hermoso no pudieron hacerte: Nacer para vivir, llorar para luego reír, gozar y, a veces, sufrir, y sentir, sentir, sentir. Con los años crecerás entre las nubes del calor de tu hogar, entre el algodón invisible de un amor paterno que nunca se podrá agotar. Pajarito de alas nuevas con plumas de leche, ¡Vuela, vuela! ¡Florece, florece! ¡Vuela, golondrina, vuela! Respira este aire puro, que la vida es aire y el aire es todo tuyo.

La inteligencia frustrada

Hace unos años entré en contacto con un grupo de superdotados, es decir, un grupo de gente que tenían un CI mucho más elevado que el de la mayoría de las personas, concretamente, más elevado que el del 98 por ciento de la población. En aquel tiempo yo andaba buscando gente más afín a mí, con la que tuviera temas de los que hablar, y con la que pudiera asistir a conciertos, exposiciones y otros acontecimientos culturales a los que nunca iba porque no quería ir sólo, así que pensé que me convendría conocer gente muy inteligente, ya que sin duda tendría muchas más cosas en común y podría hacer con ellos más cosas que con mis amigos de toda la vida, la mayoría de los cuales no tenían ningún gusto por la lectura ni por la música que me gustaba a mí. Conocí el grupo por un anuncio que encontré en mi facultad por casualidad, colgado del tablón de anuncios que había a la derecha de la puerta de entrada a la tienda de material universitario de la facultad. La primera reunión la tuve un domingo ...

Noche de Bolero

Ayer por la noche fui al Auditori, ese equipamiento cultural multiusos inaugurado hace unos pocos años, con tanta prisa que se abrió al público antes de que estuviera terminado del todo. El edificio es chulo, y uso esta palabra porque mi vocabulario arquitectónico no pasa de los términos "columna" y "arco" - "columna" gracias al sempitermo Excel y "arco" por una argentino que era portero y trabajaba de barrendero psicólogo-. Por lo que mejor decir que es chulo y que quién me lea decida lo que esa palabreja tan típicamente adolescente quiere decir. Podría decir también que el concierto me pareció guay, que el Bolero de Ravel estuvo chachi y la obra de John Adams fue dabuten, pero así sólo conseguiría que los entendidos en música me denostaran y no me leyeran, y que los ignorantes en la materia - que son el 99, 9 período de la humanidad - no pudieran hacerse una idea de lo que sentí anoche. Fui al concierto con mi amigo Josep, un chaval humilde...

Escribo de nuevo, nazco de nuevo

"Para nacer he nacido, para encerrar el paso de cuanto se aproxima, de cuanto a mi pecho golpea como un nuevo corazón tembloroso" Son los primeros versos de Neruda que leí. Estaban escritos en la primera página de un libro blanco y amarillento que teníamos en casa, acumulando polvo y permaneciendo cerrado en las estanterías del comedor mientras la televisión estaba encendida durante horas. Yo sólo tenía doce años, doce inocentes, indecisos e impulsivos años. Encontré aquel libro por casualidad, como la mayoría de las cosas importantes que me he encontrado en esta corta vida. Solía pasarme las tardes fisgoneando por casa, curioseando en las habitaciones de mis hermanos, revolviendo sus cajones por el mero placer de buscar, de husmear. Un cajón cerrado es un imán para un niño, y yo aún era y soy muy niño . Abría los cajones, sacaba todo lo que había en el interior y lo volvía a colocar de la misma manera en que estaba, para que ninguno de ellos notara que había descubierto l...